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"Ayudo a las personas a entender y gestionar sus emociones"

Consejos para vivir unas fiestas tranquilas

 

Durante las fiestas navideñas muchas personas sufren de ansiedad, depresión, sentimientos de soledad, rabia o frustración. En muchas casas se vive un ambiente de estrés que genera discusiones que, con frecuencia, pueden ser evitados. En este artículo quiero dar algunos consejos para manejar mejor estas situaciones tan comunes

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Se celebra la abundancia de la naturaleza.

 

En primer lugar es importante ubicar esta celebración en su contexto real. La Navidad es una fiesta eminentemente social y familiar. A diferencia de lo que muchas personas creen, no se trata de una fiesta exclusivamente cristiana; aunque las diferentes religiones no celebran lo mismo, es decir, no celebran todas el nacimiento de un mesías o de un profeta, todas ven en esta época invernal un momento especial y mágico. Desde tiempos ancestrales, mucho antes de la llegada del Cristianismo, se ha celebrado por estas fechas el solsticio de invierno. Un evento que marca el fin de una época de frío, de hambre y oscuridad, una fecha que indica el regreso del sol pues los días vuelven a ser más largos y los campos se preparan para un nuevo año de cosechas y abundancia. Aún a día de hoy esta tradición sigue muy viva entre los practicantes de las creencias neopaganas como el Asatru, el Celtismo o la Wicca, quienes denominan esta fiesta como Yule. También hay muchas personas ateas que celebran con los suyos el cariño y la unión familiar, la amistad, las buenas intenciones.

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Julbock, típico de las fiesta nórdica Yule.

 

No obstante, qué decir tiene que no es obligatorio participar de ello. Si no quieres celebrar la Navidad, el solsticio o Yule, no tienes por qué hacerlo. Nadie está obligado de ninguna manera a celebrar nada, y es algo de lo que no somos conscientes porque desgraciadamente se produce mucho castigo social. Sin embargo, estamos en nuestro derecho a elegir y decidir que no deseamos celebrar nada y eso está bien, no hay nada de malo en ello. Esto no significa aislarnos y amargarnos en nuestras casas mientras los demás salen a cantar villancicos y a comprar regalos. Si disfrutas de la compañía de los tuyos, sal y haz actividades con ellos como normalmente harías. Se trata más bien de respetar la decisión de los demás, al igual que les pides a los demás que respeten la tuya. Trata de no prestarle demasiada atención a lo que los demás hagan y céntrate en hacer tu vida como acostumbras. No dejes que te moleste la felicidad de los demás, ni que te inquiete si ésta es fingida o real, porque no importa en absoluto. Y he aquí otro derecho: tenemos derecho a no ser felices todo el rato, tenemos derecho a no estar de buen humor constantemente. Es obvio que es mejor estar de buen humor y disfrutar, pero a veces no se puede y siempre debemos respetar los estados emocionales ajenos. Lo mejor para nosotros es que tratemos de salir de esa situación de desánimo, pero no por los demás, no por ser Navidad sino por nuestro propio bienestar, pues la vida es demasiado corta para estar siempre tristes. Aplica la asertividad y defiende tu derecho a sentirte como te sientas y a elegir celebrar o no celebrar, siempre desde el respeto por las decisiones ajenas y sin entrar en el bucle de pensamientos negativos acerca de los estereotipos que conllevan estas fiestas.

Ten presente que, nos guste o no, vivimos en una sociedad de consumo, en la que el mensaje original de estas fechas se ha ido diluyendo, pero eso no excluye que aún existan personas que realmente las aprovechan para plantearse nuevas metas, reflexionar sobre temas importantes, arreglar problemas o desavenencias con sus seres queridos y disfrutar de su compañía.

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Visto en LaBioguia.com

 

Muchas familias no pueden permitirse comprar regalos ni dar cenas lujosas, y esto es una fuente de ansiedad y de conflicto. Para poder reducir el malestar y la frustración es importante, por un lado, si tenemos niños en casa, explicarles la situación de forma adecuada. Se les puede decir que Papa Noel no podrá traerles todos los regalos que han pedido porque la crisis ha llegado al Polo Norte y tiene que distribuir equitativamente los regalos entre todos los niños del mundo, pero que sabe que han sido muy buenos y se siente muy orgulloso de ellos. Incluso podemos escribir una carta de parte de Papa Noel en la que le felicita por ser tan buen niño y comprender la situación. Con un poco de imaginación podemos fabricar fabulosos regalos hechos a mano, reciclando materiales que tenemos en casa: telas o prendas viejas, cartón, envases… Youtube es un recurso estupendo para encontrar ideas y tutoriales que nos pueden sacar de un apuro y añaden valor a nuestros presentes artesanales, pues implican esfuerzo personal, dedicación y tiempo.

En cuanto a las cenas, hoy en día se pueden cocinar auténticas virguerías con ingredientes económicos, como un pollo a modo de sustituto del pavo. Las marcas blancas de numerosos supermercados ofrecen polvorones y turrones bastante asequibles, y ya se sabe que tampoco es bueno abusar del dulce. La decoración también puede ser sencilla y económica. No se necesita comprar un caro árbol de Navidad ni demás artilugios navideños. Puedes hacer uno tú mismo con cartón, apilando libros o con un palet que encuentres por la calle. Puedes organizar una entretenida tarde de manualidades con tus hijos en la que recortéis corazones y estrellas de cartulinas de colores para colgar, hagáis guirnaldas o colgadores con ramas y hojas secas. Hay muchas alternativas que además fomentarán el lazo familiar y facilitarán una educación de valores. Ese será el mejor regalo para tu familia.

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Un pollo asado, perfecta alternativa al pavo.

 

También es una época en la que añoran más a las personas fallecidas o que están lejos, y esto nos entristece mucho; es normal que así sea. Pero esas personas que echamos de menos no desearían que nos sintiéramos tristes, y tampoco va a cambiar nada que nos sintamos así. Es más adaptativo que cambiemos nuestra forma de percibir esa pérdida. Aunque echemos de menos a esa persona, podemos sentirnos agradecidos de haber disfrutado de su compañía el tiempo que la tuvimos a nuestro lado y recordar en su honor los buenos momentos vividos. Esto puede ser un medio para fortalecer el vínculo que nos une a nuestros seres queridos, además de ayudarnos a superar la pérdida. Además, que esas personas no estén de cuerpo presentes no significa que no podamos sentirlos cerca en espíritu. Si la persona que añoramos está lejos y no ha podido reunirse con nosotros, podemos pensar que ya habrá otro momento para reunirse y celebrar juntos, porque la Navidad es una fecha concertada pero no por ello es la única para festejar los lazos que nos unen. Todos los días son buenos a tal fin. Lo fundamental es no aislarse en soledad, sino tratar de relacionarse con las personas que sí tenemos cerca.

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Fíjate en los detalles bellos de la vida.

 

Estas fechas también son salida para muchas frustraciones y diferencias entre miembros de la familia, que muchas veces salen en forma de explosión emocional, propiciadas por la reunión de todos en un mismo lugar, por expectativas inalcanzables y conflictos pasados no resueltos que alimentan la ira y el resentimiento. Es la causa más común de discusiones en Navidad y motivo por el cual muchas personas la detestan. Sin embargo, en muchas ocasiones estos conflictos pueden ser evitados simplemente manteniendo la calma, tratando de ignorar las provocaciones de los demás y contribuyendo a un ambiente relajado, sin malas palabras, ni miradas de soslayo. Parece más complicado de lo que realmente es. Muchas veces nos enfadamos por tonterías que no merecen tal nivel de malestar. A veces algo nos molesta pero lo interpretamos mal y nos enfada. Si además no dejamos de pensar en ello y en la rabia que nos causa, entonces alimentaremos la ira y ya habremos pasado a un estado emocional alterado que facilitará discusiones y peleas. Si, por el contrario, tratamos de reducir el enfado restándole gravedad al evento que nos lo ha provocado, pensando en darle la importancia que realmente merece y no más, entonces podremos controlar la situación con más facilidad. La mayoría de las veces nuestro enfado es desproporcionado y no nos damos cuenta. Las cosas que realmente importan en la vida son aquellas de las que nos percatamos cuando ya han ocurrido, y que no hemos sabido valorar antes.

A modo de resumen general, los consejos que puedo ofrecer para mejorar nuestra experiencia personal durante estas fechas, son:

  • No te dejes contagiar por los nervios de familiares o amigos.
  • Mantén la calma. Muchas veces así logramos que los demás también se calmen.
  • Haz ejercicios de relajación antes, durante y después de las reuniones familiares.
  • Si necesitas escabullirte al baño para estar a solas o ir dar un paseo, hazlo. Más vale calmar los nervios echando una carrera en el parque más cercano, que lamentarse después por haber dejado rienda suelta a la ira.
  • No midas la calidad de tus fiestas por el dinero que has gastado, sino por el cariño que le pongas a los pequeños detalles.
  • No te compares con los demás.
  • Intenta crearte expectativas moderadas y alcanzables respecto a las fiestas. No esperes lo imposible porque si no se cumple sentirás frustración y rabia.
  • Entrena y aplica tu asertividad. Si quieres decir no, dilo con respeto y te ganarás el de los demás.
  • Elige negociar antes que discutir.
  • No saques temas polémicos en la mesa ni los uses para dañar intencionadamente.
  • No reacciones ante las provocaciones de otros. Es más inteligente responder educadamente o ignorar sus palabras.
  • Practica la empatía siempre que puedas y podrás canalizar mejor tu enfado.
  • No te quejes abiertamente de todo. Esto sólo irrita a los demás y provoca discusiones.
  • Intenta ver lo bueno que te rodea, disfruta de los pequeños placeres como comer turrón, abrazar a un ser querido, el olor de una vela.
  • Prueba a hacer algo desinteresado por otra persona, por muy insignificante que pueda parecer.
  • Atrévete a hacer cumplidos. No cuesta nada y asienta las bases para una conversación agradable.
  • Sé autocrítico. Hacer el esfuerzo de reflexionar sobre uno mismo es fundamental para relacionarse de forma adecuada.
  • Acepta tus emociones con moderación. Recuerda que eres dueño de las mismas y que puedes influir en ellas. No eres esclavo de tus emociones. Si sientes que lo eres, libérate.
  • Intenta pensar en positivo y desecha todo pensamiento negativo, triste o que conduzca a la rabia. Sustitúyelo por pensamientos realistas, agradables y edificantes.
  • Planea nuevas metas alcanzables para el año nuevo. Buscar nuevas fuentes de motivación mejora el humor.
  • Intenta vivir la experiencia desde tu niño interior, con la misma ilusión de antes. Fíjate en los más pequeños. ¡Es magia!

 

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Ilusiónate como un niño.

Espero que este artículo sirva para hacer que estas fiestas sean especiales, más relajadas y alegres.

 

¡Felices fiestas a tod@s!

 

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Un comentario el “Consejos para vivir unas fiestas tranquilas

  1. carlos folch
    19 diciembre, 2015

    No hay duda: los problemas no están fuera de nosotros sino en nuestro interior. No hay que esperar a que los “otros” hagan algo por “nosotros”, sino ” nosotros” por ellos… En este artículo hay buenos y útiles consejos que ayudan a pasar por la vida evitando traumas innecesarios.

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Esta entrada fue publicada el 19 diciembre, 2015 por en La Facul.
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